textos 2ª evaluacion

“Parece razonable suponer que, sin el aumento de la producción a partir de 1740, el aumento correspondiente de la población habría sido frenado por el aumento del índice de mortalidad, provocado por la baja de los niveles de vida. Parece igualmente probable que, sin el crecimiento de la población (...), la Revolución Industrial se habría retrasado por falta de mano de obra (...). Parece, asimismo, que el aumento de las posibilidades de empleo provocado por la Revolución Industrial impulsó a la gente a casarse y a formar familias a una edad más temprana que en el pasado y que incrementó las expectativas medias de vida.”
Ph. Deane. La primera revolución industrial.

“Por su población y su posición geográfica, el Japón constituye una excepción en la historia del desarrollo económico del siglo XIX, una serie de características diferencian a este país del resto del Tercer Mundo. En primer lugar hay que recordar que el Japón de mediados del siglo XIX no formaba parte en absoluto de las sociedades llamadas primitivas cuyo débil nivel técnico anulaba las esperanzas de una transmisión rápida y espontánea de los progresos. La sociedad japonesa formaba parte de ese conjunto de centros evolucionados conscientes de la existencia de una diferencia significativa entre ellos y las sociedades europeas tradicionales del siglo XVIII. Bajo este aspecto nada se oponía a una transmisión de la nueva tecnología al Japón.”
P. Bairoch. La agricultura y la revolución industrial, 1700-1914.


"Trabajo en el pozo de Gawber. No es muy cansado, pero trabajo sin luz y paso miedo. Voy a las cuatro y a veces a las tres y media de la mañana, y salgo a las cinco y media de la tarde. No me duermo nunca. A veces canto cuando hay luz, pero no en la oscuridad, entonces no me atrevo a cantar. No me gusta estar en el pozo. Estoy medio dormida a veces cuando voy por la mañana. Voy a escuela los domingos y aprendo a leer. (...) Me enseñan a rezar (...) He oído hablar de Jesucristo muchas veces. No sé por qué vino a la tierra y no sé por qué murió, pero sé que descansaba su cabeza sobre piedras. Prefiero, de lejos, ir a la escuela que estar en la mina."

Declaraciones de la niña Sarah Gooder, de ocho años de edad. Testimonio recogido por la Comisión Ashley para el estudio de la situación en las minas, 1842.

"Vivir en París durante la Primera Guerra Mundial era más o menos como vivir en la línea del frente. (...)Durante la guerra, París era un lugar peligroso para vivir. El problema fundamental eran los bombardeos enemigos. (...) Un segundo peligro era la presencia en la ciudad de talleres y fábricas de armamentos. Cuando se producían accidentes, bloques enteros de apartamentos quedaban reducidos a escombros. (...)
En general, durante la guerra la vida en París era gris y monótona. Se restringía el uso de la iluminación pública y la privada, y había tan poco carbón para la calefacción hogareña que durante mucho tiempo perduró el recuerdo de los inviernos pasados temblando de frío. (...)
Lo único que no se racionaba era la diversión. Tras una suspensión inicial, en 1914, los cines y los teatros fueron abriendo, poco a poco. El Moulin Rouge (...) reabrió sus puertas el 28 de noviembre de 1914, con una serie de actos patrióticos."
J. M. Winter. La Primera Guerra Mundial.


“El tribunal revolucionario se instituye para castigar a los enemigos del pueblo.
La pena por los delitos, cuyo conocimiento pertenece al tribunal revolucionario, es la muerte.
El acusado será interrogado en audiencia pública: se suprime, por superflua, la formalidad que precede del interrogatorio secreto.
Si existieran pruebas materiales o morales, con independencia de la prueba testimonial, no se oirá a los testigos, a menos que esta formalidad parezca necesaria, bien para descubrir a los cómplices, bien por otras consideraciones mayores de interés público.
A los patriotas calumniados la ley les concede para su defensa jurados de patriotas: no se los concede a los conspiradores.”
El Terror. Ley de junio de 1794

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